Costa de Fuego

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21 de julio de 2012 • 20:56 • actualizado a las 20:58

La estela de una luz llamada Marilyn Manson

Marilyn Manson
Foto: Gabriel Pecot / Terra

Un largo telón negro cubría todo el escenario Costa de Fuego bajo la atenta mirada de miles de personas. Tras él se escondía Marilyn Manson, uno de esos artistas con estrella capaces de concentrar todas las miradas. Puede que el de Ohio ya no posea el éxito que guardaba en los años de Antichrist Superstar o Mechanical Animals en la segunda mitad de los noventa pero sigue manteniendo ese aura que todo lo absorbe.

Manson era la propuesta para liderar la segunda noche de Costa de Fuego en el escenario principal tras los buenos conciertos de Architects, In Flames o Nightwish, que fueron eclipsados por un show tan completo y medido que conseguía parecer pura improvisación. Y es que el estadounidense y su creatividad son capaces de fabricar una ambientación en la que se enfrentar agonía y terror con el más puro arte escénico.

Cuando ese telón cayó, la masa de gente que esperaba pudo contemplar al artista tapado con una máscara cubierto por una inmensa capa de humo y luces terroríficas mientras sonaba Hey, Cruel World, una de las piezas de su último álbum, Born Villain, editado este año y que sirvió como excusa para ofrecer un directo en el que lo audiovisual estaba más unido que nunca. 

El americano jugó durante 60 minutos con una lista de canciones en la que concentraba canciones ya clásicas del metal alternativo como Love Song, Beautiful People, Antichrist Superstar, Rock is Dead o Coma White mientras tímidamente mostraba sus últimos cortes, próximos a la música industrial y aquellas versiones de Personal Jesus y Sweet Dreams que en su día supo adaptar y dar un color oscuro. Si hay un momento que pueda resumir una actuación de tal atractivo fue la que se produjo al final del show cuando un gran atril coronaba un escenario cubierto por parafernalia pseudofascista en el que Manson ascendió como una especie de pesadilla para interpretar Antichrist Superstar mientras arrancaba hojas de lo que se suponían biblias que lanzaba a un público que se movía entre absorto y frenético. La estrella de Marilyn Manson brilló como lo hace un cabeza de cartel.

Terra