actualizado el 23 de julio de 2012 a las 10:06

Manuel García revisó su carrera en 3 horas de show

Manuel García Foto: Sergio Piña / Terra
Manuel García
Foto: Sergio Piña / Terra
 

Es muy difícil tratar de compactar las tres horas de show que entregó Manuel García el pasado viernes en el Teatro Caupolicán. En –un intento de- resumen: el músico repasó sus discos en solitario, presentó su cuarto álbum “Acuario”, compartió escenario con un amigo de la infancia, cantó en la memoria de Nelson Schwenke junto a Marcelo Nilo, por unos minutos transformó su show en un concierto de Los Bunkers de la mano de Álvaro López y se lució con una producción innovadora e impresionante.

Todo lo anterior, sin contar que repletó el lugar e hizo cantar a miles de fanáticos que compartieron con él, recién la primera noche de una tripleta inédita en el recinto de calle San Diego. En definitiva, Manuel García entregó todo lo que tenía en su arsenal en uno de los mejores conciertos del año.  Bueno, pero así va la cosa…

La espera, el homenaje y pánico

Pasadas las nueve de la noche, algo así como por cuatro minutos, Manuel García saludó a la gente, escondido tras un enorme telón blanco. – “Buenas noches muchachos. Este concierto recorre una larga historia con la guitarra”, adelantó.

Segundos después, comenzó a interpretar “Mi canto”, del dúo  Schwenke y Nilo, junto a un emocionado Marcelo Nilo. Su compañero de mil batallas falleció hace menos de un mes tras un accidente.

Aún detrás del telón blanco, sus imágenes eran proyectadas sobre él, en blanco y negro, aumentado la dosis de nostalgia. Le siguió “Bufón”, solo con García y su guitarra. Al terminar la canción, la tela que lo ocultaba del público cayó y dejó ver un impresionante escenario en forma de pirámide, con tres pisos de alto. El Caupolicán estalló en gritos y aplausos.

De ahí en adelante, Manuel García y su pandilla de excelentes músicos, reprodujeron casi en su totalidad “Pánico”, el primer disco solista del ariqueño. “Hablar de ti”, “Tu ventana” y “El viejo comunista”, entre otras, sirvieron para soltar las gargantas apretadas de los miles que albergaba el Teatro Caupolicán.

El viaje al pasado, los pañuelos y témpera

En un pequeño interludio, García se trasladó detrás de su pirámide y subió al segundo piso. Allí, dejando ver solo su silueta como sombra china, se cambió algo de ropa, entró a un cuarto y se sentó sobre una cama.

Casi como en la intimidad de su cuarto, invitó a un amigo de su infancia llamado Braulio Olavarría, a quien, confesó Manuel, robo unos cuantos versos durante su juventud en Arica. Le dedicó algunas palabras y regresó el tiempo varios años. Juntos, los ariqueños interpretaron un par de canciones inéditas y brindaron por la amistad. Olavarría compartió con el público que conocía a Manuel desde que bailaba ‘breakdance’ y García lo complementó haciendo el ‘moonwalk’. Risas acompañaron la surreal escena.

De regreso a la música, el cantautor repasó “Ninguna Calle”, “Cangrejo Azul” y “Témpera”, parte de su segundo álbum “Témpera”. En seguida, una de las postales más bellas del show llegó cuando Manuel García puso una cuota de folclor con “Panhuelí”, mientras improvisadas parejas intentaban coordinarse con pasos de cueca, alentados por cientos de pañuelos que ondeaban en el aire. Las notas de “Los Colores” continuaron la fiesta mientras la pirámide se vestía con murales de la brigada “Ramona Parra”.

“Perderse”, “Piedras” y una rockera “La Gran Capital”, cerraron el paseo por las canciones de “Témpera”.

La danza de las libélulas y los estudiantes

Nuevamente, la figura de García fue a parar tras la pirámide. Esta vez, para verlo poner un disco en una antigua victrola y bailar junto a su querido maniquí de alambre al son de “La danza de las libélulas”. Esta vez, era el turno de escuchar “S/T”.

“Vida mía” y el “Reproche” hicieron que la audiencia presente se meneara de un lado a otro, como en un trance romántico, mientras parejas escondidas en la galería se besaban sin vergüenza. Los acordes de “Alfil” sirvieron para que el cantante subiera a lo más alto de su pirámide, mientras un cartel – ya clásico en sus conciertos – consignara la frase “los estudiantes marchan junto a ti”.

Viva la música libre y Silvio Rodríguez

Como si los fanáticos de Manuel García no fueran a contentarse por oír solo sus canciones, el cantautor invitó al vocalista de Los Bunkers, Álvaro López, para acompañarlo sobre el escenario ante un enfervorizado Caupolicán que no podía creer la inmejorable dupla de chilenos que tenia al frente.

“El necio”, “Al final de este viaje en la vida” y “La era está pariendo un corazón”  originales de Silvio, más “Nada nuevo bajo el sol”, fueron interpretadas por García y López. Solo para que después el líder de la banda penquista, regalara otras canciones más de su banda en formato acústico.

Una silenciosa y oscura pausa fue la antesala para que Manuel presentara, por primera vez en vivo, su última producción “Acuario”, la que se escapa de su clásico sonido de guitarras, hacia un mundo futurista, inspirado por las letras de “Las Crónicas Marcianas” y sonoridades electrónicas de los años ochenta.

La era de acuario y la despedida

“Sueños”, “Madera”, “Un Rey y un diez”, mostraron este lado oculto de García, que también debutó tras los sintetizadores y teclados. En esos instantes el público fue silente y de tibios aplausos, como si tratara de digerir algo a lo que no están acostumbrados. Aun así, la prueba fue superada y el ariqueño se dio la libertad de bailar con “Carcelero” e interpretar una versión de la canción “Tabú” de Gustavo Cerati. El set finalizó con la ya clásica “Reloj”, cuando este mismo llegaba a la media noche.

Con casi tres horas de presentación encima, Manuel García regresó al escenario con una innegable cara de agotamiento, pero fue amable con su público y cantó “Tanto creo en ti”, “Piedras negras” y “Barcos de Cristal”, para cerrar una noche en que se transformó en gigante, conquistó aún más a su público y presentó valientemente, su nueva cara.

Ahora si, en resumen, junto con su banda y equipo de trabajo, Manuel García tiene las armas para brindar un show de esos que son difíciles de olvidar.

Terra